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Las Afores y el crédito privado: el capital que busca dónde colocarse

En las oficinas corporativas de la Ciudad de México ha comenzado a repetirse una escena. Ejecutivos de Blue Owl Capital, Ares Management, Apollo y Golub Capital, algunos de los mayores gestores de crédito privado del mundo, llegan en busca de un mismo objetivo: acceder a uno de los reservorios de capital institucional más atractivos del momento. Las Afores mexicanas.

La razón es directa. Las Administradoras de Fondos para el Retiro gestionan un volumen de ahorro que ha crecido de forma notable y que, por su tamaño y su mandato de largo plazo, representa exactamente el tipo de capital que la industria global de mercados privados necesita en un momento de captación difícil a nivel mundial.

Un reservorio que se ha duplicado

La cifra que explica el interés es contundente. Al cierre de febrero de 2026, las Afores administraban 8.67 billones de pesos, según datos de CONSAR. Ese monto se ha duplicado en apenas seis años: en 2020 el sistema gestionaba 4.03 billones.

Activos administrados por las Afores

El crecimiento no se detiene ahí. Estimaciones citadas por Bloomberg proyectan que los activos podrían alcanzar los 12 billones de pesos hacia 2030, impulsados por las reformas que incrementaron las aportaciones a las cuentas de los trabajadores. Para los gestores internacionales de activos alternativos, que enfrentan límites de asignación entre sus inversionistas tradicionales en Estados Unidos y Europa, México se ha convertido en uno de los mercados de captación más codiciados.

El detalle que la narrativa global pasa por alto

La historia de los gigantes extranjeros cortejando a las Afores es real, pero esconde un matiz que rara vez se menciona. Para entenderlo conviene observar cómo está distribuido actualmente el portafolio de las Afores.

Composición del portafolio de las Afores

Más de la mitad de los recursos, el 52% al cierre de febrero de 2026, permanece en valores gubernamentales. El resto se reparte entre renta variable internacional, deuda privada nacional y, en una porción notablemente reducida, instrumentos estructurados, la categoría dentro de la cual se ubica el crédito privado y el financiamiento a proyectos.

Esa última cifra es la más reveladora. La regulación permite a las Afores destinar hasta 30% de sus activos a instrumentos estructurados, un techo ampliado desde 20% en octubre de 2024. La asignación real es de apenas 7.64%.

Inversión de las Afores en instrumentos estructurados

Un margen de proporciones considerables

La distancia entre lo permitido y lo utilizado no es menor. Representa un espacio de más de veintidós puntos porcentuales sobre una base de 8.67 billones de pesos. Un especialista del sector, citado por la prensa nacional, estimó que el margen sin desplegar equivale a cerca de un billón de pesos que las Afores podrían canalizar hacia la economía productiva, pero que hoy permanece en instrumentos más líquidos o conservadores.

¿Por qué no se utiliza? La respuesta que ofrecen quienes conocen el sistema es consistente: no siempre existen proyectos con la estructura legal y financiera idónea para garantizar que los recursos de los trabajadores estén adecuadamente protegidos. El deber fiduciario de las Afores es indeclinable, y la ausencia de vehículos suficientemente bien estructurados se traduce en capital que prefiere esperar.

Aquí aparece la paradoja completa. Por un lado, los mayores gestores del mundo compiten por captar el capital de las Afores. Por el otro, una parte sustancial de ese capital permanece sin desplegarse, no por falta de voluntad, sino por una escasez de operaciones estructuradas a la altura del mandato fiduciario que rige a estas instituciones.

Dos lados de una misma ecuación

El mercado mexicano de crédito presenta, entonces, una asimetría singular. Existe capital institucional abundante buscando dónde colocarse de forma rentable y segura. Existe, al mismo tiempo, una demanda de financiamiento amplia por parte de empresas e instituciones que el sistema bancario tradicional no alcanza a atender. Lo que ha faltado, en buena medida, es la infraestructura que conecte ambos extremos: originación rigurosa y estructuras que cumplan los estándares que el capital institucional exige.

La llegada de los grandes nombres globales confirma el atractivo del mercado. Pero el margen sin utilizar de las propias Afores sugiere que la oportunidad no se resuelve únicamente con más capital extranjero compitiendo por los mismos activos. Se resuelve, sobre todo, construyendo el tipo de operaciones que permiten desplegar ese capital con la disciplina que el ahorro para el retiro de millones de mexicanos demanda.

Esa es, en última instancia, la frontera real del crédito privado en México: no la falta de recursos, sino la capacidad de estructurarlos correctamente.


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